El concepto de derecho al turismo: ¿una quimera?

EN RESUMEN

  • El derecho al turismo es cuestionado por los residentes de grandes ciudades europeas.
  • Surgen manifestaciones para defender los derechos de los habitantes frente al sobreturismo.
  • El caso de Barcelona ilustra un giro contra la explotación intensiva de la ciudad con fines turísticos.
  • El turismo genera problemas de acceso a la vivienda, precariedad salarial y impactos ambientales.
  • Crecimiento de una voluntad de limitar la actividad turística y reducir la dependencia económica del sector.
  • Se contemplan medidas concretas: cierre de terminales de cruceros, reducción de alojamientos turísticos y promoción de alternativas económicas.
  • Distinción entre el derecho al descanso y un supuesto « derecho al turismo ».

El « derecho al turismo » se destaca regularmente para justificar el auge de los viajes internacionales y el crecimiento continuo de la industria turística. Sin embargo, este concepto, si bien resuena con el ideal de un acceso universal al descubrimiento, se enfrenta a numerosos obstáculos sociales, económicos y ambientales. Desde la creciente contestación relacionada con los impactos del turismo de masas hasta la redefinición misma de lo que significa viajar o descansar, este artículo explora la realidad y las limitaciones de esta noción, hoy cuestionada por los habitantes de numerosos destinos, particularmente en el sur de Europa, como es el caso de Barcelona.

El concepto de derecho al turismo: emergencia y ambigüedades

La noción de derecho al turismo apareció con el fomento de las movilidades y la democratización de los viajes, especialmente en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Sinónimo de progreso social, este concepto se basa en la idea de que todo individuo debería poder viajar, descubrir otras culturas y disfrutar de ocio, independientemente de sus medios financieros o de su situación social.

Sin embargo, la traducción concreta de este « derecho » sigue siendo difusa. A diferencia de otros derechos fundamentales como el de acceso a la vivienda o a la salud, ningún texto internacional consagra explícitamente el turismo como una garantía universal obligatoria. Existe un entusiasmo mundial por los desplazamientos turísticos, pero el sector está principalmente regido por la ley de la oferta y la demanda, así como por consideraciones económicas y ambientales.

La contraofensiva de los habitantes frente al turismo de masas

Mientras se inicia la temporada estival, numerosos movimientos ciudadanos se organizan a través del sur de Europa para denunciar los efectos nocivos del sobreturismo. Desde Génova a Mallorca, la movilización está cobrando fuerza, siendo Barcelona el escenario emblemático. Los habitantes, exasperados por la presión del aflujo turístico, se manifiestan para defender su calidad de vida y derechos fundamentales como el acceso a la vivienda o la preservación del espacio público, realidades amenazadas por la masificación de las visitas.

El ejemplo de la movilización barcelonesa es significativo. Lemas e imágenes impactantes – como locales armados con pistolas de agua para manifestar su hartazgo – dan testimonio del creciente descontento. Los manifestantes señalan los impactos sociales, ambientales y económicos de un turismo que enriquece principalmente a los primeros inversores y aumenta las desigualdades, especialmente en términos salariales: en Barcelona, un empleo en el turismo se paga, de media, un cuarto menos que en otros sectores.

El turismo, motor económico… y factor de desigualdades

La industria turística suele presentarse como un pilar económico, generador de empleos e ingresos para las comunidades. Sin embargo, esta visión idílica oculta una realidad más matizada. Aunque el sector concentra una gran parte del empleo, como lo demuestra la situación en Barcelona, donde representa el 13% de los puestos, la calidad de esos empleos es frecuentemente objeto de críticas: la precariedad, bajo salarios y condiciones de trabajo difíciles predominan.

Además, lejos de beneficiar a toda la población, el dinero generado por el turismo tiende a quedar en manos de unos pocos actores ya prósperos. Esto alimenta el sentimiento de injusticia social entre los residentes, especialmente porque la especulación inmobiliaria, ampliamente fomentada por el alquiler de bienes a turistas, agudiza la crisis de la vivienda.

Entre mitos y límites de un modelo en crisis

El discurso antes dominante que promovía un turismo sin efectos negativos – calificado de « fábrica sin humo » – ya no tiene éxito. Las encuestas recientes indican que un tercio de los habitantes de Barcelona considera hoy el turismo perjudicial, frente a solo un 7% en 2007. Ante la saturación, tres cuartas partes de la población estima que la ciudad ha alcanzado su capacidad de acogida máxima.

En respuesta, grupos de ciudadanos y expertos reclaman una decrecimiento turístico: un conjunto de medidas radicales como el cierre de terminales de cruceros, la prohibición de cualquier nueva estructura de alojamiento turístico, o la redistribución de las locaciones de corta duración al mercado de vivienda de larga duración. También piden el fin de la promoción activa del turismo por parte de las autoridades.

El « derecho al turismo » frente a los nuevos desafíos sociales

El debate sobre el derecho al turismo se enfrenta a la necesidad de repensar la vitalidad de los territorios y la resiliencia de su economía. Los defensores del decrecimiento turístico recuerdan que, si bien el derecho a las vacaciones y al descanso es una conquista social, esto no se traduce necesariamente en un derecho absoluto a viajar a cualquier parte, sin restricciones. Este modelo, basado en una hipermovilidad global, ya no es compatible con los desafíos ecológicos, sociales y económicos contemporáneos.

Las medidas anunciadas por algunas municipalidades, como la prohibición progresiva de los alquileres turísticos en Barcelona o la limitación de la actividad de los terminales de cruceros, representan pasos iniciales. Sin embargo, los contestatarios consideran que esto sigue siendo muy insuficiente para invertir la tendencia.

Hacia una redefinición del turismo y de las prioridades colectivas

La revisión del derecho al turismo se acompaña de un llamado a una reducción de las movilidades globales. Surgen propuestas para promover el empleo local en sectores esenciales como los servicios públicos, la transición energética o la relocalización industrial, ofreciendo así alternativas viables a la monoindustria turística.

Este cambio también viene acompañado de una mirada crítica hacia los nuevos mercados turísticos internacionales, como muestra la situación controvertida de Afganistán, que intenta atraer visitantes a pesar de los problemas de seguridad, o los importantes desafíos económicos enfrentados en Asia, detallados en el estado del sector turístico tailandés. Los incendios forestales en el Mediterráneo, que alteran tanto el clima como la actividad turística, también muestran los límites de un modelo basado en un crecimiento ilimitado, como subraya el análisis sobre los incendios y el turismo en el Mediterráneo.

Frente a la multiplicidad de desafíos emergentes, el derecho al turismo parece, en ciertos aspectos, una quimera: se trata menos de un derecho fundamental indiscutido que de un privilegio a regular y reequilibrar en función de las necesidades de las poblaciones anfitrionas y del planeta.

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