Para luchar contra el sobredimensionamiento del turismo, residentes de los Dolomitas establecen un tarifa de acceso para un sendero popular.

¡Los habitantes de las Dolomitas no carecen de imaginación para frenar el flujo incesante de turistas! Cansados de ver desfilar miles de senderistas cada verano, algunos propietarios de terrenos agrícolas han decidido cobrar por el acceso a un sendero muy codiciado que lleva a la cima del monte Seceda. ¿Su solución? Un paso de pago de 5 € para escalar los últimos metros, una forma audaz de recordar que el sobreturismo no es sin consecuencias.

Frente a la afluencia masiva de turistas en las Dolomitas, ha surgido una iniciativa original: algunos residentes cansados de la invasión y las molestias del turismo de masas han decidido implementar un tarifa de acceso en un sendero muy codiciado que lleva a la cima del Monte Seceda. El ticket de entrada —modesto, pero simbólico— causa gran revuelo en la región alpina y genera un apasionado debate entre la defensa del patrimonio local y el derecho a la naturaleza.

Para luchar contra el sobreturismo, residentes de las Dolomitas establecen una tarifa de acceso para un sendero apreciado

Un torniquete inesperado en el corazón de los Alpes

Imaginen: suben en las majestuosas Dolomitas, se acercan a la cima del Monte Seceda, ¡y allí, no un ramo de edelweiss, sino… un torniquete metálico, al estilo metro, les impide el paso! Desde finales de julio, un grupo de propietarios agrícolas ha decidido cobrar cinco euros a todos aquellos que deseen recorrer los 300 últimos metros de un sendero famoso. Tarjeta o efectivo, cada uno a su manera, para acceder a los selfies panorámicos que inundan las redes sociales.

¿Símbolo contra el “terrorismo turístico” o ataque a la libertad?

Este dispositivo inusual es percibido por sus instigadores como un llamado de auxilio. ¿El objetivo? Hacer entender a los visitantes el impacto concreto de su paso: pastizales pisoteados, basura abandonada y una molestia sin precedentes al encanto montañés. «Terrorismo turístico», dicen, cansados de ver desfilar a miles de personas cada verano. Si algunos se indignan, otros ven en este peaje una acción valiente, a la imagen de las iniciativas tomadas en otros lugares contra el sobreturismo.

El reverso de la medalla: una iniciativa ilegal

A pesar de la buena voluntad exhibida, esta iniciativa privada sigue siendo formalmente ilegal. No se ha dado luz verde por parte de las autoridades locales y, en Italia, el acceso libre a los parques naturales es un derecho fundamental. La oficina de turismo ha sonado rápidamente la alarma y exigido la desactivación del torniquete. Peor aún, guardabosques ahora vigilan para que turistas y senderistas se mantengan en los senderos señalizados y no invadan las parcelas privadas.

Un debate enciende las cimas: ¿hasta dónde hay que pagar por la montaña?

En este ambiente tenso, Carlo Alberto Zanella, presidente del Club Alpino de Alto Adige, asume plenamente esta acción “impactante”. Según él, el problema radica en la creciente popularidad de los teleféricos que conectan la ciudad de Ortisei con Seceda. La afluencia insostenible de visitantes, sobre todo desde que los influencers alaban la belleza del lugar, solo agrava la situación. Zanella incluso llega a proponer —no sin humor pero con un toque de irritación— aumentar el peaje a 100 euros y prohibir a los influencers demasiado entusiastas. Se libra un verdadero pulso entre habitantes, defensores del acceso libre y actores del turismo. El proyecto de modernización de las infraestructuras, que se supone debe triplicar la capacidad actual de los teleféricos, alimenta aún más las tensiones, a la imagen de lo que sucede en otros lugares afectados por el sobreturismo.

Alternativas, trucos y resistencia

Sin embargo, los senderistas más motivados siempre pueden eludir el dispositivo optando por itinerarios un poco más largos, pero que no atraviesan las tierras privadas en cuestión. Este truco no detiene el turismo de masas, pero ofrece una salida a aquellos que no desean pagar la tarifa. La historia resuena con otras experiencias llevadas a cabo en Europa y en el mundo, donde se están experimentando diversas formas de contener —o de orientar— este apetito colectivo por los paisajes «insta-amigables» (algunos pueblos españoles, como aquellos cubiertos de lavanda, llevan a cabo acciones similares, que se pueden descubrir aquí).

El futuro en cuestión: ¿turismo o preservación?

Finalmente, el episodio del torniquete del Seceda plantea una cuestión universal: ¿hasta dónde llegar para proteger tesoros naturales de la multitud y los excesos del turismo? ¿Debe tarificarse el acceso a las maravillas de la naturaleza? ¿Privatizar ciertos senderos? ¿Educar a los visitantes o reforzar la regulación? Los casos de Cape Girardeau, o de múltiples otros destinos, atestiguan iniciativas diversas e inspiradoras (ver aquí), mientras que otras regiones experimentan soluciones concretas e innovadoras para hacer frente a los desafíos del sobreturismo.

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