Achraf Fayda prevé la llegada de 10 millones de turistas franceses a Marruecos para 2030

En plena ebullición, Marruecos marca la pauta: Achraf Fayda, director de la ONMT, quiere atraer 10 millones de turistas franceses para 2030. Impulsada por un crecimiento de dos dígitos y por el impulso de la Copa del Mundo 2030, el destino apuesta por más conectividades aéreas, aeropuertos modernizados y un TGV ampliado para hacer que la escapada “exótica y cercana” sea accesible en 3 horas de vuelo. El objetivo: transformar la hazaña de un país ya aclamado por 5,8 millones de franceses en 2024, multiplicando las experiencias auténticas, desde el riad hasta el desierto pasando por el Atlántico.

Ambición XXL al sur del Mediterráneo: Marruecos despliega un plan turbo hasta 2030 para recibir 10 millones de turistas franceses. A la cabeza, Achraf Fayda, director de la Oficina Nacional Marroquí de Turismo (ONMT), cuenta con un cóctel de infraestructuras (aeropuertos modernizados, TGV ampliado), grandes eventos (desde la CAN hasta la Copa del Mundo 2030) y experiencias “firmadas” (desde el desierto hasta el surf, de los riads a las kasbahs). Objetivo: transformar un destino ya aclamado por 5,8 millones de franceses en 2024 en la primera escapada fuera de Europa, mientras se preserva la autenticidad y la huella ecológica.

El escenario está planteado: tras un relanzamiento exprés post-Covid y un umbral simbólico de 17,4 millones de visitantes extranjeros en 2024, el Reino pisa el acelerador. Los viajeros franceses representan ya la primera clientela extranjera – 5,8 millones de visitantes – pero aún apenas suponen cerca del 9% del mercado de salidas internacionales hexagonales. Moral: un enorme margen de progresión al alcance de la mano.

El argumento es imbatible: a solo tres horas de vuelo, exotismo sin diferencia horaria, afinidades lingüísticas, y una gama de experiencias tan amplia como un zoco de Marrakech. Desde familias hasta parejas, desde viajeros nómadas hasta aficionados del lujo, todos encuentran su felicidad – entre surf en Dakhla, golf en greens inteligentemente regados y paréntesis patrimoniales.

En el aire, la estrategia es clara: multiplicar las conexiones punto a punto. Seis grandes zonas francesas ya están muy bien conectadas (París, Marsella, Lión, Nantes, Bordeaux, Toulouse) y el mapa se amplía con aeropuertos más pequeños – la línea Deauville–Marrakech es un ejemplo. Para calmar las tarifas post-Covid, la ONMT impulsa la oferta de rutas y de asientos para que el mercado se autoregule. En temporada alta, el precio medio de un billete hacia Marruecos ronda los 350 €, a menudo inferior al de Grecia o Egipto.

En tierra, es igualmente espectacular: la capacidad aeroportuaria se más que duplicará para 2030 alcanzando unos 70 millones de pasajeros, con Casablanca como mega-hub de cerca de 40 millones. Las plataformas de Agadir, Fez, Marrakech, Rabat y Tánger se están renovando, mientras que la alta velocidad conectará aún mejor el territorio: se espera la ampliación del TGV Tánger–Casablanca para 2029, y el transporte urbano (tren, tranvía, autobús) está en ascenso.

El Reino quiere que se venga, se regrese y se reinvente. Al norte, rumbo a Tétouan y la muy chic Tamuda Bay – combinación de hotelería de lujo, golf y gastronomía. Al este, el Oriental acelera, con Saidia y la reciente apertura de un club promovido por Fram. Al sur, la ola de Dakhla atrae a surfistas y kitesurfistas mientras que Ouarzazate y Errachidia capitalizan el atractivo del desierto – el plan “rising Ouarzazate” ya está dando de qué hablar. Para comprender esta creciente presencia en la escena internacional, es imprescindible dar un vistazo a este análisis sobre el turismo marroquí a escala mundial.

La idea principal: ofrecer experiencias “coleccionables” – riads íntimos, kasbahs con carácter, clubs para tribus en escapada, mesas donde brilla la cocina marroquí. La tendencia “experiencial” se abre incluso a nichos lúdicos y narrativos (al igual que en el turismo fantasma en Savannah), nueva prueba de que los viajeros ahora disfrutan vivir historias, no solo marcar casillas.

En el retrovisor, una hazaña: la semifinal de los Leones del Atlas en el Mundial 2022 despertó imaginativos. Por delante, una autopista de eventos: la Copa de África de Naciones como precursora, seguido de la Copa del Mundo 2030 coorganizada con España y Portugal. Doce eventos estampillados por FIFA para entonces pondrán a prueba las infraestructuras – estadios, aeropuertos, logística – ya en rodaje con obras que a veces anticipan el calendario. El partido de Rabat contra Níger dio un adelanto.

Más allá del fútbol, los grandes encuentros culturales, deportivos y… digitales participan en la misma dinámica de atractivo. El auge de los videojuegos y del esport también está llevando a los destinos a repensar sus eventos y lugares de acogida, como muestra este estudio sobre el impacto de los videojuegos y del esports en el turismo. Un nuevo terreno de expresión para un Marruecos que disfruta colaborar.

Apuntando hacia un crecimiento que sigue siendo humano. Hoy, aproximadamente 20% de las llegadas pasan por viajes organizados, a menudo centrados en la cultura y el patrimonio, mientras que cerca del 80% de los visitantes vienen en individual – una garantía de encuentros y autenticidad. No hay frenesí de “todo incluido” gigante: la línea marroquí prioriza la diversidad de alojamientos y la mejora de estándares. Con una tasa de ocupación media de aproximadamente 52%, el país podría absorber hasta 25 millones de turistas sin construir nuevas camas, siempre y cuando se optimice lo existente.

En el aspecto ecológico, la hoja de ruta es clara: apuntar alrededor del 52% de energía verde (fotovoltaica, eólica, hidráulica) para 2030, apoyarse en unidades de desalinización en dos costas marinas, difundir buenas prácticas hoteleras (gestión razonable de la ropa, ahorro de agua) y regar 90% de los campos de golf con aguas residuales tratadas – ya es el caso en Marrakech y hasta Assoufid, a las puertas del desierto. Estas inversiones, ancladas en los territorios, recuerdan cuánto es decisiva la planificación, a imagen de un proyecto de inversión territorial bien llevado.

En marketing, la ONMT causó sensación en la IFTM (París) con un stand XXL, guiño al apetito del país. Francia sigue siendo el pilar de la estrategia: primera clientela emisora, proximidad inigualable, afinidades culturales. Para “tejer” mejor la hexágono, la hoja de ruta prevé conexiones desde aeropuertos regionales – la idea es llevar a Marruecos a la puerta de cada viajero. Las ferias especializadas desempeñan un papel amplificador en estas estrategias de conquista, como lo demuestra el ejemplo del Salón del Turismo de Mayotte, que ilustra cómo los destinos perfeccionan sus relatos de marca.

El mensaje es claro: desde el Rif hasta el , de Tánger a Dakhla, Marruecos despliega una alfombra roja de experiencias, conexiones y hospitalidad. Y cuando la pasión por viajar se encuentra con una organización meticulosa, la meta de 10 millones de visitantes franceses para 2030 parece menos un sueño… que una reserva en curso.

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